El Gato Viejo

Tuve oportunidad de conocer el Museo Regazzoni durante la Gallery Night del 2015. El lugar y su atmosfera, y su revuelo, me dejaron fascinado. Así que decidí volver.
El 17 de mayo de 2016, tras algunos mensajes y llamadas buscando autorización para visitar y hacer fotografías en el museo, me fue concedido. A las 10hs. estuve ahí en una mañana radiante de otoño.
Tuve la breve ocasión de fotografiar a Carlos Regazzoni en su cocina, habiendo pactado previamente que no le dirigiría la palabra ni haría preguntas, me despache a sacar fotos sin más trámite.
Luego de unos minutos en la cocina me dediqué a descubrir el lugar, lo que había visto aquella noche resultó ser solo una intuición acertada sobre ese lugar visto en semi penúmbras, con solo algunas lamparitas colgando acá y allá. A la luz del día laberintos formados por grandes paneles con pinturas, esculturas en todo estadío de creación puestas acá y allá sirviendo de apoyo para otras obras. Y en medio de todo eso una hilera de mostradores y varias mesas variopintas componiendo el salón del restaurante.

A simple vista todo era un caos, fierros retorcidos por doquier y montañas de chatarra, pero que si se miraba detenidamente se descubrían las esculturas, que en el amontonamiento sobreponían entre si sus siluetas generando ese cuadro general de enredo caótico; afinando la mirada se descubrían las obras individuales, todas dotadas de un ingenio notable. Me sentí en un parque de diversiones con un pase libre por dos horas.
Pasado un largo rato de rebuscar y fotografiar ya se me terminaba la curiosidad y todo me parecía ya fotografiado, así que estaba por dar por terminada la sesión cuando me dicen que Carlos me permitía ingresar en su atelier para fotografiarlo, así que hacia ahí nos dirigimos, pasando por un andén y cruzando unas vías muertas, entramos en un enorme galpón donde se trabajaba en las obras, el taller.
Estuve una larga hora fotografiando el atelier y di por terminado el trabajo. Volví al Gato Viejo, Carlos ya se había retirado a sus aposentos luego de almorzar, así que le agradecí por su gestión a Arnald, uno de sus asistentes, dejándole mis saludos y mi gratitud para el artista por su generosidad al abrirme desinteresadamente las puertas de su mundo.


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