Tierra de Volcanes

Un viaje por la Puna de Atacama, en la Cordillera de los Andes, en el sector de Catamarca, Argentina, entre los 2.000 y 5000 metros de altura sobre el nivel del mar.
El paisaje es sobrecogedor, la inmensidad misma, salpicada por pequeñas cumbres y cráteres de volcanes que nacen miles de metros por debajo de la superficie. Esos pequeños cerros son enormes montañas sumergidas por el tiempo en la arena volcánica, es el altiplano.
Mire para donde se mire es una explosión de paisaje, no hace falta pensar mucho la toma, ni buscar encuadres, es una gran postal continua y solo se tiene la limitación del lente que obliga a tomarla por partes.

El cielo y la tierra parecen estar a metros el uno del otro, y breves tormentas juegan a unirlos por unos minutos. Los tonos son suaves, variaciones de ocres salpicados de rojos, negros y beiges intensos aportados por volcanes erupcionados recientemente, tal vez decenas, cientos o miles de años, un suspiro en los tiempos de la tierra.
El silencio es profundo, roto solo por el viento al dar contra uno. Y una pequeña tensión por la permanente expectativa de que en cualquier momento alguno explota, aunque digan que es poco probable o que habría señales previas, la naturaleza es impredecible y caprichosa, tanto como hermosa.